Aparatos eléctricos innecesarios en el hogar

En nuestros hogares, a menudo acumulamos instrumentos, aparatos y menaje que no hacen falta en absoluto. Recuerdo a un amigo que, en uno de sus viajes a unos grandes almacenes, volvió entusiasmado con su última adquisición para la cocina: una especie de tijeras automáticas enormes de aspecto extraño.

-¿Qué es esto? – le pregunté.

-Es un… ¡trinchador de pavos! – exclamó ufano.

-¿Y para qué demonios necesitas tú un trinchador de pavos? – le pregunté – ¿Acaso celebras Acción de Gracias en plan americano? De hecho, ¿has comido pavo en los últimos tres años?

-Bueno – respondió dubitativo – No, pero sirve para el pollo.

Mientras lo decía, él mismo se daba cuenta de lo estúpido del asunto. No necesitaba aquellas tijeras-sierra gigantes para partir pollos: sólo lo había comprado por impulso. Otra víctima más de la sociedad del consumo. Como tú y como yo.

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El impulso innecesario

 

Y es que las grandes cadenas saben cómo vender. Te ponen ahí el producto bien expuesto, con grandes carteles, y un precio acabado en ,99, y tú sientes la necesidad de comprarlo, porque así tu vida será mucho más fácil.

Pero no lo es.

Somos unos fanáticos de los gadgets, nos vuelven locos los aparatitos y las novedades. Pero el contexto global es pesimista en sus previsiones, y no está el mundo como para malgastar energía eléctrica. Cuando vayas a un centro comercial, y te quedes plantado delante de ese nuevo aparatito eléctrico que tanto te fascina, hazte las siguientes preguntas:

  1. ¿Cuántas veces voy a usarlo al mes?
  2. ¿Cuántas veces voy a usarlo al año?
  3. ¿Dónde voy a guardarlo mientras tanto?

 

Y la más importante:

 

  1. ¿Realmente lo necesito?

 

De lo útil a lo absurdo: la fascinación por el automatismo

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La tecnología es capaz de hacer tantas cosas de forma automática, que damos por hecho que todas ellas nos facilitan la vida, pero aquí es fácil pasarse de frenada.

Pensemos en los robots de cocina, por ejemplo. Son máquinas increíbles: pones los ingredientes, marcas la hora a la que quieres que esté listo, y te olvidas. Llegas del trabajo, exhausto, y la comida te espera recién hecha. ¡Es una gran inversión!

Para mucha gente, no. Existen libros con mil complicadas recetas para robots de cocina, y no despiertan especial interés, porque la persona interesada en recetas, suele estar interesada en cocinarlas, no en echarlas dentro de un agujero y esperar a que salga el plato listo. Para eso, puedes pedirlo en un restaurante que sirva a domicilio.

Mucha gente compra estos robots por el tema del tiempo. Conozco a unos cuantos, y algunos siguen usándolos de forma regular, es gente que ha hecho una buena inversión porque le sacan partido. Pero conozco a otros cuantos que han acabado relegando el robot de cocina. Lo tienen ahí, en la encimera, listo para hacer un plato complicado, de los de lucirse cuando vienen visitas. Pero nada más. ¿Por qué? Porque al final, hacerse una comida son diez minutos. Unos macarrones puedes hacértelos mientras pones los cubiertos, te lavas las manos, y cruzas dos palabras con quien haya en casa. Y la inercia del ajetreo diario, hace que para mucha gente resulte más fácil llegar y preparar una sopa o una ensalada en cinco minutos, que no pararse por la mañana antes de ir al trabajo, pensar qué le apetecerá comer, y cortar y preparar los ingredientes antes de echarlos.

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La cuestión es conocerse uno mismo y saber qué uso le va a dar a las cosas. ¿Necesitas comprar un aparato para una raclette? ¿Cuántas veces al año vas a comer raclette? ¿Dónde meterás mientras tanto esa bandeja-parrilla gigante? No es lo mismo que compre este aparato una familia que tradicionalmente se meta una raclette al mes, a que lo compre alguien que una vez comió una raclette y le gustó.

¿Y qué decir del abrelatas eléctrico? La persona más torpe del mundo puede abrir una lata con un sencillo pedacito de hierro que venden en los bazares chinos a un euro. Otra cosa es que no se tenga fuerza en los brazos, o cualquier otro problema que haga necesario ese aparato.

 

La tecnología puede ayudarnos en muchísimas cosas. Pero hay que distinguir entre los aparatos que son de un amplio uso (caso del microondas, por ejemplo, tan práctico que se ha extendido a todas las casas) y los que sólo son adecuados o útiles para un grupo concreto de personas.

¿Tú, de cual eres?

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